Hubo un tiempo


… donde los dulces susurros se mezclaban con el relativo tiempo y no existía distancia para el Espíritu. Un tiempo donde el Océano no tenía nada que ocultar. Un tiempo de describa, donde se transmitía el Agradecimiento con una mirada. 

Aquel lugar de hielo, cada día me vaciaba por dentro. Solía sugerir, guiar a todas esas Sacerdotisas a abrirse paso por su propio árbol, de cortezas algunas lisas, otras grisáceas, cada una con su propio diseño a estudiar. 

Y siempre la recordaré a ella con su pelo rojizo y su túnica blanca con bordados dorados. Tan más ni menos que nadie, moviendo sus brazos sin aún saber dominarse, ¿hice mal en advertirle? 

Al día siguiente llegó al templo, con rabia por encima de todos. Comenzó a gritarme, cuestionarme, juzgarme. Me quedé paralizada, en silencio, sin entender por qué tanto ataque, mientras las demás hermanas también sin saber qué decir quedaron tras de mí. 

En un momento de exageración, movió sus brazos sin pertenencia y su poder destrozó dos pilares, haciendo que parte del techo del templo se desplomase sobre ella.

Fue entonces cuando aprendí que, a veces, es mejor no interceder en el desarrollo de nadie, aunque tu templo esté limpio.


Escrito por: Ainoa Bravo

Fotografía creada con IA por: Ainoa Bravo @wildsoulfairy

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