Un amor inseparable.

Él vivía con otras personas, que parecían ser más ajenos y foráneos que familia. Era pequeño, de unos siete años y verlo acomodar mantas en el suelo, escondiéndose en aquel lugar tan frío, un ático nada seguro por su base, me estremeció. Conmovió mi alma con sus emociones. 

Los humanos a veces son tan crueles con los más dulces, con los que más amor necesitan de nosotros, con quienes más no entienden la vida; o eso se piensa cuándo no se recuerda. En realidad se atreven a sentirla en sus más intrincados momentos, sin quejarse, sólo observando, deambulando por ella en un ahora que, es normal que le parezca eterna por toda esa anulación e imposibilidad de defenderse. Enfermando de deseos por crecer para que eso sea una posibilidad entre las que les faltan. 

Me sentía como una madre protectora que quería abrazarle en esos momentos. Acunarlo, susurrarle melodías de viento para calmar sus miedos. Miro sus ojos, su pelo liso corto y castaño, su fondo, su bondad, su entrega a pesar de todo; y caigo en el abrumo de no entender toda esa indiferencia, de no comprender por qué no le cuidan, por qué no aprecian su existencia, sus momentos, su alma.

La noche es gélida, entre ella un virus recorre el mundo y los cuerpos con la misión de hacerles aprender algo. Removiendo el estado de seguridad que todos buscan, haciendo ver qué tan cerca está su esquizofrenia llamando a la puerta. Lo sigo mirando mientras el mundo frenético juzga incluso en noches de insomnio sin posibilidad de encender las ascuas del fuego. Acerco mi energía, mi ser a él... y le beso la frente. Sé que ha sentido algo porque abre sus ojos y una lágrima suya cae. Le acaricio, quiero que sienta, que me sienta cerca más que nada ahora mismo. 

- Jamás te dejaré solo... siempre te estaré amando-.

Él llora más y más, con un consuelo que no le permite la dimensión material ver, que está justo a su lado. Una ala que siempre le acompañará, que será íntegro en lo que es más de lo que cree.


Texto escrito por: Ainoa Bravo Rodríguez

Foto: We Heart It

Noa

5 comentarios:

  1. La madre protectora que llevamos dentro siempre sale a flote ante lo frágil y la dulzura de la infancia. Somos alas de ángel intentando parar la maldad de ahí fuera... escudo protector ante la amenaza invisible... daríamos la vida si fuese necesario.

    Mil besitos, mami y cuídate mucho. ♥

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  2. Un relato lleno de ternura y ese amor protector que tiene una madre, pero también quien valora a los demás.

    Dulces besos Ainoa.

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  3. La ternura de la que sólo es capaz aquella que nos llevó dentro de su seno.

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