Cuántas veces nos pedimos no hacernos daño, cuántas veces arriesgamos nuestro ser en las manos de alguien, confiando que será esa persona quién no dejará que mueras de frío. En qué cantidad de veces nos hemos congelado ya y aun así, buscamos ese calor como alguien me explicó en su teoría de supervivencia; como los erizos actúan.

Abrasémonos ya que estamos, hagamos que una simple sonrisa sea el motivo giratorio de nuestra existencia, que una promesa interior, como la espera que a veces no cumplimos, se haga tan real que consigamos el éxtasis de paz mental. Que el amor por alguien nos mueva. Que el deseo nos corrompa la cordura, de verdad, a la mierda todo lo que se debe hacer; desatémonos y luchemos por un propósito si tan sinceramente se quiere.

Y si me abandonan, pues que lo hagan, yo seguiré luchando mientras quede un pedazo de alma en mí.
Que si mis sueños, mi imaginación, es mi mayor compañía, me aferro a esa sonrisa y a tus ganas de vivir.

He nacido para la alegría, no para la pena. Hagamos por alguien lo que nadie es capaz de hacer. No tengamos más miedo.


Texto escrito por: Ainoa Rodríguez Bravo

Noa

1 comentario:

  1. El miedo, ese enemigo con el que a veces compartimos una cerveza y otras no le contestamos las llamadas. Siempre está, en cuanto uno quiera dejarlo.

    Hagamos, porque esperar sólo genera desesperanza.

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