La realidad se descuadró.

Una voz que se adentró por sus oídos hasta llegar a su núcleo le demandó cerrar sus ojos con suavidad.

Allí estaba ella, sentada en un punto medio de una habitación fría con estanterías viejas rebosantes de libros. La luz tenue le relajaba hasta la médula y esa voz que se había acomodado libremente por su interior, le seguía haciendo peticiones.

- Acaricia sus tapas, huele sus páginas... -. Susurraba aquellas palabras adormeciéndola.

Ella quiso alargar su mano para encontrar la fuente de aquellos vocablos que por cada acentuación creaba una nueva página, una nueva cubierta, una nueva historia. Quiso, pero no lo hizo.

Se desenvolvían en aquél lugar anécdotas encerradas y ocultas que fueron narradas en años, pero esa expresión pausada conseguía relacionar el tiempo con el presente, las páginas sucedían sin más.

Ella se asustó de su magia, se conmovía tímidamente por dentro al presenciar aquella ilusión y estar ahí, tan cómoda. Percibía la cercanía de ese sonido, tan inmediato y afín.
Cómoda y rígida, sin palabras. Le estaban dejando sin palabras.
''El día que me enamoren y llenen, será porque me habrán dejado sin palabras'', recordó pensar y decir una vez.

Ese día parecía presenciarse, estaba ocurriendo hasta que abrió los ojos. Reemplazó aquel lugar por la realidad; su existencia era muy distinta a aquello que decían.

Maltratada realidad, en aquella suposición se sintió cerca de lo que quiere. Y esa persona, estaba con ella. No contó con eso último y cree que es mejor no hacer números.

Texto: Ainoa Rodríguez Bravo

Noa

2 comentarios:

  1. talento! enhorabuena x tus textos
    tengo nuevo look

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  2. Maravilla, la magia necesaria...

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