Es de mi sangre.

Durante la tarde, caminaba con algunos amigos. Nos dirigíamos a la parada de bús, para que me fuese a mi casa.
El bús, llegó y en cuanto subí y le pagué al conductor, caminé lentamente sobre el vehículo, buscando donde sentarme. Reconocí a mi hermano, en un asiento de atrás. Me acerqué.
- Hey, tete -.

Me senté junto a él a pesar de que desvió su mirada y no me contestó. Me vino una olor a hierba, muy reconocida y vacilé, miré hacia una ventana e intenté hacer como si nada. Confundida, me comencé a sentir mal. Él hacía como si no me conociese, ¿por qué?.

- ¿Has estado toda la tarde fuera? -. Volteé mi cabeza para mirarlo en cuanto lo escuché. Pude ver, en sus ojos un extraño brillo y a la vez una mirada perdida. Mi estómago se rebolcaba.

- Sí, he estado fuera -. Tras contestarle, asintió y miró por la ventana, seguía teniendo esa mirada perdida. Lo noté nervioso.
El viaje, parecía eterno por esas palabras calladas y yo ya comenzaba a sentirme mareada. No entendía nada.

En cuanto el bús paró, yo bajé y mi hermano me seguía para dirigirnos a nuestra casa. De momento, él cambió de camino y se alejó de mi lado, sin decirme nada. Cerré mis párpados y seguí caminando, tratando de ignorar esa punzada que sentí en mi pecho.
Tranquila, él te quiere.

Noa

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