Pon la oreja.





No me despedí de nadie, yo solo bajé, solo me quería fusionar en la tierra. Quería desaparecer.




- Yo no confío en ella -. Escuché. ¿Debo de escuchar más?.



- Eh, mira, te cuento un secreto -. Dijo otro. No, no lo pienso escuchar.










Sabía que me haría daño; prefiero no saber que en el fondo mis amigos, son falsos conmigo y que solo sonríen por no quedar mal.


- Ya se ha ido -. Soltó el mismo. Qué gran mentira.







Hay veces, que cuando escuchamos la verdad, no queremos oírla y volvemos al camino donde se ponen las máscaras. Terminas engañándote a tí misma y te acostumbras a que te engañen. Pero cuando ocurre, no puedes evitar mirar al suelo prohibiéndole a tus párpados cerrarse, ya que si lo haces caerá una lágrima.





Y si te preguntan; no te pasa nada.

Noa

2 comentarios:

  1. Yo pienso que debemos escuchar la verdad aunque nos duela, con el tiempo he aprendido que es muy dolorosa y facil de digerir, pero que las mentiras matan.
    Cuando dejamos que nos engañen, o peor, cuando nos engaños solo nos vamos matando poco a poco.

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  2. Pues si, esto es muy común en la gente que verdaderamente no te debe de importar, porque a ellos no les importas lo más mínimo..

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